I
He estado llena de palabras, desde niña. Hace algunos años, mientras miraba el azul de mis venas (azul, el color de la tristeza), pillé una “g” recorriéndome. La pobrecita. Su rabito se enganchó varias veces en mis válvulas semilunares hasta que uno de mis latidos la expulsó violentamente hacia algún rincon del cuerpo. La perdí de vista.
Ayer por la tarde, durante un estornudo, se me escapó un “p”. La vi brillar a través de la luz del sol, como se mira el polvo por el efecto Tyndall. Mi pobre “p” resultó ser algo más que una solución coloidal. Fue un aviso.
Esta mañana he tomado, durante mi desayuno, una sopa de letras. Una de ellas, por su sabor una “n”, se deshizo lenta y placenteramente en la punta de mi lengua. Creo que las Seis Suites de Bach aumentaron la intensidad. Fue un aviso.
El trayecto que sigue el rayo luminoso en una solución coloidal es visualizado gracias a las partículas coloidales, convertidas en centros emisores de luz.
II
He estado llena de palabras, desde niña. Hace algunos años, mientras miraba el azul de mis venas (azul, el color de la tristeza), pillé una “g” recorriéndome. La pobrecita. Su rabito se enganchó varias veces en mis válvulas semilunares hasta que uno de mis latidos la expulsó violentamente hacia algún rincon del cuerpo. La perdí de vista.
Ayer por la tarde, durante un estornudo, se me escapó un “p”. La vi brillar a través de la luz del sol, como se mira el polvo por el efecto Tyndall. Mi pobre “p” resultó ser algo más que una solución coloidal. Fue un aviso.
Esta mañana he tomado, durante mi desayuno, una sopa de letras. Una de ellas, por su sabor una “n”, se deshizo lenta y placenteramente en la punta de mi lengua. Creo que las Seis Suites de Bach aumentaron la intensidad. Fue un aviso.
El trayecto que sigue el rayo luminoso en una solución coloidal es visualizado gracias a las partículas coloidales, convertidas en centros emisores de luz.
II
He estado llena de palabras, desde niña. Hace dos horas, en la ducha, vomité algunas “efes” en expulsión violenta y espasmódica. Algunas de ellas se diluyeron en el agua caliente; otras en el vapor; las restantes salpicaron mis piernas. Todas de color púrpura.
Dicen que el vómito o emesis se ha desarrollado de manera evolutiva, como un mecanismo para expulsar del cuerpo venenos ingeridos. Quizá sea prudente optar por algún medicamento antiemético. No quiero deshacerme de mis “efes”; no de esa manera. Quiero mis letras en propagación rectilínea, tomando como medio materia insustancial e invisible.
La emesis está controlada por el centro del vómito en la formación reticular del cerebelo.
Ahora mismo, mientras el Preludio en G mayor de Rostropovich me trasciende, no he podido más.
1 comment:
ya lo había leído, pero no había comentado nada, como ahorita, no hay mucho que decir, me impresionaste mopcita.
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